Es hora de hacer ciudad con aquellos que nos esmeramos en mantener fuera de la ciudad.
A través de lo que se acepta o se rechaza, se marcan tendencias en el mercado de las ideas en que se ha transformado nuestra democracia.
Este proceso que hemos podido entender y manejar cuando se trata de un jabón o un electrodoméstico, no hemos podido aplicarlo hacia algo mucho más trascendente como la vivienda social.
Podemos formar, en definitiva, un grupo de influencia poderoso para exigir que una zapatilla no sea fabricada con ingredientes tóxicos, pero somos incapaces de tener un grupo de influencia para vivir en un barrio adecuado.
Es probable que los años de autoritarismo hayan logrado generar una cierta desconfianza en la democracia, lo que se traduce que al decir "grupo de influencia" se piensa inmediatamente en una entidad sospechosa, de oscuros propósitos.
Sin poder negar que en muchas ocasiones esto es estrictamente así, la verdad es que la democracia tiene su raíz precisamente en esta interacción entre grupos de influencia, y de cómo ellos lograr permear a los individuos.
Hay quienes pretenden que la democracia sea simplemente un rebaño votante, pero esta supuesta defensa de la democracia no es sino la expresión más sofisticada y sutil del absoluto desprecio de ella.
No hay propósitos comunes, cada uno vota por lo que estrictamente le compete, la sociedad como un archipiélago de voluntades dispuestas a ser llevadas con el viento de algún profeta.
Esto ha llevado a perder de vista que cada decisión que se toma es una posibilidad de influir en el "estado de las cosas", en particular cuando se logra congeniar esta decisión con un grupo afín, con quienes podemos conformar una “familia” de opiniones convergentes.
De haber comprendido esto, sabríamos que la política de vivienda es una oportunidad latente para intervenir con fuerza en la política pública.
Existen pocos grupos de interés más transversales que aquellos que desean una vivienda, se trata de un grupo extenso que atraviesa geografías y colores políticos.
Lo más interesante de todo es que se trata de esa parte de la sociedad que se encuentra en un estado de permanente vulnerabilidad, quienes suelen asumir mansamente que carecen de voz e incluso que no tienen cosa alguna que decir.
Se trata, en definitiva, de una ventana por la cual los desposeídos pueden llegar a poseer... voz resonante e influyente.